En cocinas conviene valorar:
- La frecuencia de limpieza.
- Las salpicaduras y derrames ocasionales.
- La resistencia a manchas y desgaste.
- El tránsito habitual.
- Los encuentros con muebles y otros pavimentos.
- El comportamiento del producto frente a la humedad.
Una instalación cuidada y una gama adecuada ayudan a conseguir un suelo práctico y bien integrado en el espacio.




